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June 27, 2012
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February 25, 2012
Con mi gente, en el mercado de granjeros en Malibú
Esta mañana, iba manejando a mi oficina escuchando un sermón que se transmitía por una estación de radio cristiana local (soy una adicta a la inspiración). El predicador estaba hablando de Tomás, el Incrédulo, uno de mi personajes bíblicos más favoritos. Es que yo misma tengo una faceta de Mee, la Incrédula, que se manifiesta de vez en cuando. A semejanza de Tomás, yo también he vivido y experimentado milagros – milagros cotidianos, como el nacimiento de mis hijas, recuperando mi salud con alimentos verdaderos, es decir, con alimentos de DIOS. Escuchar el sonido del océano es un milagro. Sin embargo, a veces me encuentro dudando de la magia de la vida y de las posibilidades que se presentan en la vida del ser humano.
Tomás, el Incrédulo, caminó con Cristo y presenció los milagros, pero él también se encontraba dudando, y cada vez que dudaba se separaba de su fe. He notado que mis dudas crecen cuando me aíslo…Y yo puedo aislarme.
Entre el 25 de enero y el 12 de febrero, mi casa estuvo llena de “mi gente”: tres turnos de visitas pasaron por mi casa, sucesivamente. La última fue mi hermana, que apareció lista para poner manos a la obra. Entró en mi cocina y se transformó en COCINERA, limpiando y cuidando a mis hijas como nadie más habría podido hacerlo. Me sentía tan reconfortada con ella que, cuando se fue, me costó mucho trabajo volver a la normalidad. Oigan, llevar un hogar, trabajar y estar al día, NUNCA debería hacerse como lo hacemos en este país – a solas. YO SÉ que deberíamos vivir en comunidades de mujeres, como fue en los tiempos bíblicos (lee “The Red Tent”) y en las culturas mesoamericanas.
En cuanto se retiró “mi gente”, me quedé atrapada en el mundo interior de Mee, dándome cuenta de que me resultaba cada vez más difícil salir de mí ensimismamiento. Febrero es un mes particularmente difícil, no importa dónde uno viva: nuestro cuerpo está en sincronía con el solsticio, y el invierno es un período para estar en casa, procesar y cocinar sustanciosos estofados y sopas, soñando con nuestra siguiente encarnación.
Los meses de febrero los he pasado en la selva, en la Tundra de Ohio, en la Nueva York invernal, con profundas heladas del Sur; y ahora, en la costa de Malibú. Cada mes de febrero me encuentro en las profundidades de una madriguera de conejo - ansiosa de saber qué sigue, abriéndome paso en el suelo de invierno que está dentro de mí y anhelando prender un foco que ilumine la tierra.
Aquí me tienen, rumbo a la primavera, calentando motores para lo que sigue…
Y lo que sigue es algo muy serio. Me he ausentado de La Princesa Sabelotodo para construir un nuevo sitio web que florezca junto con los tulipanes – mis flores favoritas. Este sitio rompe un poco con mi alter ego, la Princesa Sabelotodo. Es que en enero regresé de Nashville sintiendo la necesidad de mudar de piel y cambiar de dirección. Una tarde, le dije a Lee: “Lee, siento que estoy rompiendo con la Princesa Sabelotod”. Me contestó: “Estás bromeando? Acabas de empezar.”- “No, mira, la vida me está llevando a alguna otra parte”.
Una semana después, tuve unas reuniones relacionadas con La Princesa Sabelotodo, y de repente, como sobre la alfombra roja, apareció una nueva dirección para La Princesa Sabelotodo y para mí misma. No puedo dar más detalles, porque estoy en proceso con lo de La Princesa Sabelotodo, pero en el plano energético me siento liberada. Así como la hice, la creé tan grande como me fue posible; ahora es tiempo de darle un nombre y mandarla a la escuela. No se preocupen, no le estoy dando la espalda. Simplemente, ahora le toca iniciar una vida aún más grande. Después de todo, yo NO soy la Princesa Sabelotodo; soy Mee Tracy McCormick, y puedo valerme por mí misma, porque que ella ya no necesita mi teta. Tengo claro a qué me quiero enfocar: se trata de Una Vida de Alimentación Verdadera y crear una comunidad que comparta mi fe en cuanto a la alimentación.
La cocina comunitaria del Noble Cambio de Alimentación, en Malibú
La semana pasada, tuve una sesión de Noble Cambio de Alimentación en Malibú, lo cual demostró que voy por buen camino, ya que realmente hemos creado una cocina comunitaria.
Estaba totalmente atónita por la concurrencia de tanta gente: de veras, aquí, en Malibú, tengo que poner a las personas en una lista de espera, porque nuestra cocina comunitaria se llena en un solo día en cuanto se anuncia la clase. Más de la mitad de los que asistieron a esta clase son papás de la escuela de mis hijas, y son TOTALMENTE, ciento por ciento, involucrados en el programa de alimentación escolar que estoy iniciando la próxima semana. Sí, casi estoy DENTRO.
En algún momento me quedé callada, escuchando lo que estaba pasando: las personas estaban picando, moviendo, soltando risillas, conectando unas con otras y compartiendo secretos. Una lágrima rodó por mi mejilla al acordarme de aquellos días de soledad en Nashville, cuando me sentaba en la mesa sola, comiendo para salvarme la vida. Eso ya se acabó. Ahora tengo una comunidad en Nashville y Malibú, y una plataforma para salir al mundo, para que NADIE sufra en soledad, aislado, alimentando dudas en su mente.
Los invito a acompañarme en este próximo viaje. Ya no pienso en el destino final, sino en la magia del camino que se abre enfrente. ¡Porque lo único que sé es que habrá una gran aventura!
HOGAR EN EL RANCHO Y BIENVENIDA DE REGRESO A OZ.
No sé por dónde empezar, así que voy a hacer mi mejor esfuerzo para explicarlo todo desde el punto que está más cerca de mi corazón…Tengo un hogar.
Lee y yo hemos estado deambulando durante diez años. Sí, hemos tenido viviendas en nuestro rancho, las cuales ahora sirven de construcciones para dar tratamientos que ofrece el centro de adicciones a las drogas y el alcohol. Pero ninguna de ellas fue un lugar que nos inspirara un sentimiento de pertenencia. O eran casas relacionadas con el pasado de Lee, o bien su mamá había dejado una huella tan profunda en su diseño que nunca las sentimos nuestras; y ahora, por fin, hemos echado raíces.
Después de pasar tres semanas en Tennessee, durmiendo en una casa hecha a mano y viviendo de la tierra.
Desarmamos una vieja casa en nuestro rancho, construida a principios de los 1800’. De hecho, está registrada como la casa más vieja aún en pie en todo el condado. Restauramos la madera y la devolvimos a su estado original. Me refiero a esta casa como a una mujer ya que por muchos años el capataz de la compañía de ganado vivió ahí. Solía pasar a saludar y sentarme en su sofá escuchando siempre a una mujer susurrando en mi oído: “Solía ser bonita, simple y sencilla.” Entonces mi mirada pasaba por la casa buscando pistas que me conectaran a través del tiempo. La imaginaba plantada en la colina, orgullosa, fresca, con su mandil cuidadosamente puesto, como alguna vez lo fue, cubierta con un techo de lámina verde.
Lee y yo nos tomamos nuestro tiempo decidiendo si construir una nueva casa o renovar ésta, pero la anciana nos llamó la atención. Cuando comenzamos a rehacer la casa, ella nos habló y llenó nuestros cerebros con imágenes a seguir en la remodelación. Lee se tomó su tiempo buscando puertas y manijas, ventanas, piezas de madera vieja de granero y artefactos reciclados, tantas como pudiese de los edificios originales de la plantación, que es ahora nuestro rancho, y que correspondieran con la época.
Nuestro dormitorio está en el primer piso al frente de la casa siguiendo la costumbre de la época de la original; una gran chimenea la calienta de noche y, con su flama, mantiene tibia mi gran bañera con patas de garra tibia. Lo que es más sorprendente sobre esta linda casa vieja es que ella está feliz de que estemos ahí y que yo pueda compartir en ella mis recuerdos. Temía que me rechazar y que yo no sintiera la calidez de una hacienda familiar. Un gran regalo fue que instantáneamente me instalé como si hubiera regresado a un lugar donde ya había estado.
Cada noche me metía entre las cobijas y soñaba con magníficas aventuras. Algunas relacionadas con mi vida y otras, que provenían de un mundo anterior a mi nacimiento. Una noche, estaba parada frente a la vieja chimenea en la sala, recargada en el increíble dintel restaurado, mirando profundamente al espejo original, justo como muchos lo habían hecho antes. Me di cuenta que me había unido al linaje de todos aquellos que habían vivido en esta casa y, como un sueño, apareció detrás de mí una hilera de mujeres vestidas de acuerdo a su época. Entonces la escuché; una vez más, la casa susurró: “Eres la primera mujer en ser dueña de esta casa, siempre ha pertenecido a nuestros esposos.” Un escalofrío agudo recorrió mis huesos, y estaba a punto de llorar. Es cierto, ésta es la primera casa de la cual yo, Mee Tracy McCormick, he sido dueña. Es el primer lugar que no pueden quitarme desde la muerte de mi madre. Mi esposo se aseguró de esto, y por eso estoy muy agradecida. Las mujeres en el linaje de esta casa también lo están.
Los Modos Nobles del Hombre
Las siguientes semanas me metí de lleno a desempacar cajas, cocinar y recibir gente. Mi hermana, mi sobrino y Mary Allen, una de las mías, se convirtieron en nuestros primeros invitados, y así apenas empezaba una serie de visitas.
Lee y yo somos personas muy sociables, y como el rancho se encuentra casi a una hora de Nashville, no hay restaurantes donde yo pueda comer. Esto significa que estoy COCINANDO sin parar y compartiendo con cualquiera que pase a saludar. Y déjenme decirles que la gente de granja es conocida por tocar a tu puerta y echarte un grito, no hay tal cosa como alguien viviendo solo en un rancho, se trata de vivir en comunidad.
Jane Ellen y su familia son mi gente más cercana en el rancho. La Navidad fue de miedo para ellos, ya que el esposo terminó en el hospital: es diabético y su cuerpo se la pasa luchando. Una vez que salió, estaba ahí en mi cocina, comiendo mi comida y retomando su vida. Fue increíble ver a este hombre y su familia ponerse a la altura de las circunstancias encontrando su nobleza personal a través de la comida y asumir su responsabilidad.
El regalo más afortunado es que tengo acres de productos orgánicos justo afuera, en la pradera, para recoger diariamente. Gracias a Ginny y David Lundell (nuestros socios en la granja), mi refrigerador estaba lleno de brócoli italiano cultivado a la antigua, col silvestre, col rizada, nabos y hojas de mostaza. ¡También tenemos troncos con shiitake creciendo en ellos! La col china estaba más que hermosa, tan grande que no podía creer que fuera real. El clima estaba maravilloso también: la mayoría de los días la temperatura era de 60 grados y más. El buen invierno no ha llegado aún al sur, y a las niñas les encantó el clima porque podían montar ponis.
¡CUBETA PARA EL CHANCHO!
Creo que esta Navidad recibí los mejores regalos de todas las anteriores. Así las clasifico: número 1 – CUBETA PARA EL CHANCHO (para las sobras, para alimentar a nuestros tres lechones: Luna, Stella y Oscar); número 2 – una fenomenal tabla de cortar y un tremendo juego de cuchillos; número 3 – comida cosechada en mi jardín; número 4 – NUESTRA CASA; número 5 - mi familia y amigos juntos; número 6 – una nueva GL450. Lee finalmente cambió su Porsche y me consiguió algo práctico. Su 4×4 es excelente para las praderas. Y por supuesto, lo último y lo más importante, ¡mi salud estaba perfectamente bien!
El acontecimiento que más me encantó fue la fiesta de Navidad que tuvimos con la compañía ganadera; la hicimos en un restaurante local de productos locales en Dickson. Juntamos a toda la gente que mantiene funcionando el rancho y la granja. Me paré al lado de mi esposo sintiendo una enorme ola de gratitud por nuestras vidas, entonces miré alrededor del salón y sentí orgullo. Nosotros, todos los que trabajamos en el rancho, estamos realmente contribuyendo a la sociedad con una gran aportación: estamos cultivando ALIMENTOS VERDADEROS localmente, somos parte de una verdadera economía local.
Los granjeros SABEN que el alimento verdadero es lo que los humanos tienen que comer. Sabiendo que los Estados Unidos tienen más prisioneros que granjeros, les da un aspecto de nobleza aún más profundo a los hombres y mujeres en el rancho. Si no retomamos nuestra tierra y comida, reivindicando nuestra ética de trabajo, ¿quién va a alimentar a los hijos de nuestros hijos? Porque la producción agrícola corporativa de soya y maíz no lo va a lograr.
El regalo sorpresa es que una de las personas más importantes a las cuales he dado mi libro me escribió en el día de Navidad ¡LES ENCANTA! Esto significa mucho para mí, porque, como ustedes ya saben, he comparado mi actividad de escribir libros con la de Coco Channel y sus inicios, cuando ella hacía sombreros. Los seguía haciendo hasta que alguien los compró y, en su caso, esa persona fue otro diseñador de modas que tenía la habilidad de vendérselos a mucha gente. Bueno, la persona interesada en mi “sombrero” tiene el potencial de vendérselos a MILLONES de personas… Lloré mucho, no porque les guste el libro sino porque lo entendieron completamente y me entendieron a mí. Es la parte más importante del asunto: formar una relación que esté alineada.
En la Nochevieja, quemamos un tradicional tronco de Navidad en la chimenea dejando ir el pasado y dándole la bienvenida al futuro. En la mañana, regamos sus cenizas en el jardín. Esto fue un maravilloso regalo por parte de Ginny y David. Justo antes del anochecer, Isabella nos dirigió en una oración y Lee tocó su guitarra. Estuve con mi gente en mi primera casa nueva-vieja.
Terminé mi estadía conectándome con tanta gente mía con cuanta pude. No hice un Noble Cambio de Alimentación ni participé en algún programa de cocina matutino: en este viaje se trató de conectarme con mi hogar.
Regresar a L.A. fue casi imposible: para lograrlo, se necesitaron tres aviones y dos aerolíneas. Luego, perdieron nuestro equipaje que no ha aparecido aún. Se sintió como si estuviéramos viajando entre mundos. El dejar la granja y su sencillez para aterrizar en una ciudad ocupada que se enfoca en lo exterior, se sintió impactante, y estuve dando vueltas y vueltas cuestionando mi valor personal, sintiéndome como Dorothy. Sin embargo, está vez yo fui a ver al Mago y SÉ que no tiene todas las respuestas. Es difícil vivir en OZ cuando he cerrado el ciclo aceptando mi hogar, de qué y de dónde vengo. Nací en Appalachia, me mudé a Ohio en mi primer año de escuela, pero pasar los veranos en Appalachia no era algo suficientemente bueno, y pensé que necesitaba un estilo de vida más cosmopolita. Ahora que he hecho las paces, mi hogar me llama y OZ ha perdido sus zapatillas de oropel.
¿Qué haré ahora? En la mañana voy a regresar a la escuela de las niñas para DARLE UNA SACUDIDA AL FORO SOBRE EL AZÚCAR… Dios, no dejes que me coman viva.
Sueños, escuelas y la DULCE verdad…Comunidades que están cambiando la alimentación de sus hijos.
December 24, 2011
Un día, nosotros (Mee y “aquellas chiquillas”) íbamos en coche por uno de los gigantescos túneles que atraviesa la montaña conectando Malibú con el valle, y estábamos escuchando algunos de nuestros favoritos festivales de música country. Eso nos llevó, a las niñas y a mí, a tocar el tema de nuestro viaje a casa, a Nashville, en la próxima semana. Bella se quedó callada, y luego, la oí lloriquer. Tanto ella como Lola estaban sollozando: quieren ir a casa, y yo también. Bella preguntó: “Mamá, ¿por qué estamos aquí de nuevo?” – “Porque tengo un trabajo que puede hacerse sólo aquí. Además, hemos estado viviendo una aventura. ¿No estás feliz?”
Esto abrió las esclusas, y brotaron lágrimas; por primera vez desde nuestra llegada, mis dos niñas sollozaban por Nashville. Creo que el pensar en volver a nuestro nido acogedor es un mensaje que significa que todos podemos dejar de aferrarse a algo. En los últimos tres meses ha habido un montón de cambios, y el haberse instalado es algo completamente distinto del “estar aquí”. Por dentro, seguimos en otro sitio; el no saber por cuánto tiempo estaremos aquí no nos deja hacer el paso que nos separa del cambio. Por lo menos, así es la sensación.
El reciente eclipse lunar me hizo pasar por esa experiencia. Llevaba dos o tres noches seguidas despertándome a causa de que mi mente daba vueltas vacilándome sin propósito alguno. Cada noche cerraba mis ojos, hablando conmigo sobre mí: “Anda, chica, relájate y soñemos con una señal que nos lleve en la dirección que necesitamos tomar cuando estemos despiertas”. Y vaya que el haber soñado conmigo misma no me engañó: sentí que alguien grandote me tomaba de mi propio brazo. Yo manejaba hacia un gran cuerpo de agua, el camino estaba lleno de baches y yo podía sentir físicamente cómo cada bache resonaba en mi panza. Llegamos (mi amiga Gretchen y yo) a la casa de unos viejos, donde nos saludó una enfermera. Dijo: “Te hace falta una lectura. Pasa por acá, te recibirán enseguida.” Atravesamos un vestíbulo poco iluminado y nos detuvimos en la última habitación del lado derecho. Una mujer – bueno, creo que era una mujer, parecía ser ambas o ninguna – porque, en mi opinión, eso no importaba opinión. Su piel era café y sus ojos, unos redondos platitos de chocolate. Le dio unos golpecitos a una silla, invitándome a sentarme; luego, tomó mis manos y el mundo desapareció. No podía apartar mi mirada de sus platitos de chocolate, y su rostro que se seguía extendiendo; ella se estaba expandiendo. Luego, me dijo: “Estás creciendo para convertirte en una persona muy grande, estás volviéndote la persona que querías ser, y si así lo deseas, podrás crecer muchísimo. Simplemente, no te preocupes: es sólo tiempo, y el tiempo se está moviendo rápidamente”. De repente, sumergí mi mirada en esos ojos suyos y vi que eran espejos, y que no era ella la que se extendía ante mí, ¡sino me estaba viendo a mí misma! Ella soltó mis manos y recuperé la respiración; estaba nuevamente en la misma habitación con la misma enfermera. Me dijo: “El oráculo está cansado. Debes irte.” Me desperté.
La siguiente noche, tuve otro sueño. Esta vez yo estaba con una especie de sacerdotisa, me presionaba mucho para que contestara sus preguntas. Pero sus preguntas eran difíciles, ya que las respuestas estaba encerradas muy dentro de mí, en un espacio sin llave, lejos de la Mee que soy, porque ahí las había guardado la niña que fui – aquella que tenía miedo de decir la verdad. Miré alrededor; había indios persiguiendo a alguien en el pantano, y la sacerdotisa dijo: “La vida aquí, en Alaska, es muy difícil”. Luego, volvió a presionarme con sus preguntas. Finalmente, abrí la boca y una enorme cantidad de verdad salió volando; mi verdad era tan grande que provocó una marea, la cual se llevó a la sacerdotisa. Mientras era arrastrada al mar, sus ojos irradiaban alegría, y me sentí libre. La oí decir que estaba orgullosa de Mee.
Esta mañana, me desperté asfixiándome: había soñado que en mi garganta se atoró una nuez. Sé por qué soñé con eso. Es que hace unos días, una de las mamás de la escuela de mis hijas mandó un correo electrónico acerca de la cooperativa estudiantil que tiene como objetivo recaudar fondos para la escuela. El único problema es que ellos venden plumas, lápices, borradores y comida CHATARRA, es decir, caramelos y otros tentempiés dañinos. El asunto que ella trataba en su correo consistía en que el profesor de la escuela le dice a los niños que deben recordarles a sus mamás darles unos dólares para que puedan comprar algo en la cooperativa o en una de las ventas de pan dulce y galletas que se organizan en el campus (también para recaudar fondos). Entonces, el niño llega a su casa y le pide un dólar a su mamá. Ésta le dice que “no, no quiero que comas esas cosas”, y él se siente que así traiciona a su querido profesor y a la escuela. Por supuesto, entré en el intercambio de correos y escribí mi opinión: “Yo también quería apoyar a la cooperativa estudiantil, y luego vi qué escogía y comían mis hijas; entonces pensé: “Oh, no”. Trabajo muy duro para evitar el consumo de azúcar y alimentos procesados en nuestra casa. Cuando salimos de la casa, parece que caminamos por un campo minado. El primer terreno para librar la batalla por la alimentación es la escuela, donde la presión de los compañeros es más poderosa que la orientación de los padres. Desafortunadamente, los chicos no tienen la capacidad de entender completamente qué es una “opción saludable”, pues cuando se les ofrecen frituras o una manzana, quieren las frituras. Las ventas de pan dulce pueden seguir existiendo, pero con mayor orientación hacia la salud. Darles a nuestros hijos una comida verdadera es el mayor regalo que les podemos ofrecer físicamente, y la comida VERDADERA ayuda a tener un mejor enfoque, hormonas equilibradas (sí, los niños tienen hormonas que influyen sobre la tiroides, las glándulas adrenales que afectan a las reacciones emocionales), un sistema inmune más fuerte, mientras que el azúcar debilita el tejido interior del tracto digestivo. Finalmente, al ofrecer una comida verdadera estamos mandándoles a nuestros hijos un mensaje de que ellos nos IMPORTAN, y a nuestra comunidad, de que somos un grupo de padres de familia que ACTÚAN.
Mee Tracy McCormick”.
Desde luego, mi respuesta echó más leña al fuego de las mamás, y antes de que me diera cuenta, ya había recibido dos correos de unos maestros preocupados por la cuestión de qué se les podría servir a los niños que se quedan a hacer su tarea después de las clases, y en fiestas infantiles. La excitación crecía. Es que ahora Los Impulsores del Azúcar pretendían pelear con las Mamás Sanas.
Anoche, a la salida, dos de las Mamás Sanas estuvieron platicando sobre el agarrón que acababan de tener con El Coronel, también conocido como El Director (así le puse porque en el Halloween se había disfrazado del hombre de Kentucky Fried Chicken y se veía increíblemente parecido, ¡arrastrando una cubeta de pollo!). Las dos Mamás Sanas estaban bien prendidas. Parece que su esfuerzo por frenar la promoción del azúcar no fue bien recibido por la administración: las ventas de pan dulce y las cooperativas estudiantiles son parte de la historia de la escuela, y NADIE pensaba soltar el timón, o sea, el azúcar. Una de las mujeres, incluso, se preguntaba si debería sacar a su hijo de la escuela.
Yo sabía que me iba a prender cuando ellas me dijeron qué respuesta se les había dado – una de las respuestas más TONTA: que si sus hijos comen sanamente en casa, optarán por alimentos saludables. Está bien, esto me parece una completa estupidez: mis hijas se alimentan de maravilla, pero si les pones enfrente una galleta cubierta de esa porquería de betún rosa, llena de grasas hidrogenadas, y si la vende una persona que representa a la autoridad – en la que ellas confían -, ¡la van a comprar! Más tarde, cuando le hablé de eso a Lee, me dijo: “¿Por qué no poner, entonces, máquinas de cigarros por todos lados y ver qué van a escoger alumnos de grado superior?”
Al haber escuchado la historia que me contaron las decepcionadas Mamás Sanas, dije: “No, no se preocupen, entiendo lo que haya que hacer. Sé que esta gente no es tan estúpida. Después de todo, se supone que California está preocupada por la salud y Malibú – el estrato superior de nuestra sociedad – seguramente debería saber que los caramelos y azúcares refinados que se venden durante las horas de clases son un completo sabotaje de toda la comunidad escolar, tanto los niños como los maestros. Voy a platicar con El Coronel.
Mientras tanto, sucedió algo curioso: yo me había percatado del temor que sentían esas mamás, y eso me hizo apretar los puños; estaba reaccionando desde una suposición. Al acercarme a la oficina, sentí la presencia de Dios dentro de mí moviendo mi energía, realineándome con la intención que estaba en mi corazón: PREVENIR QUE LOS CHICOS Y GRANDES SE ENFERMEN y pasen por lo que yo misma he pasado. Entré en su oficina y vi a un hombre que, al final de una larga jornada, estaba cansado de lidiar con problemas, quejas y preocupaciones. Me invadió una ola de compasión por El Coronel, sobre todo porque yo pretendía tomar su cubeta de pollo. Le dije: “Hola, ¿cómo se encuentra hoy? Sé que todo el mundo está nerviosísimo por el problema del azúcar, pero yo sólo quería comunicarle que estoy aquí para ayudar. Sé que usted no sabe quién soy ni qué hago, pero el ayudar a la gente cambia nuestras relaciones con los nocivos alimentos procesados es mi fuerte.” Ni siquiera le di ni un segundo para que expresara su opinión al respecto. No pensaba bajar la velocidad. “Ahora estoy muy ocupada, pero estoy dispuesta a venir y enseñar a sus alumnos de grado superior a hornear alimentos de verdad, usando ingredientes VERDADEROS, con azúcares no refinados e, incluso, metiendo algunas cosas que fortalezcan el cuerpo en vez de debilitarlo. Entonces, los chicos de grado superior podrán vender sus alimentos horneados saludables a los chicos de menor grado y animar a toda la comunidad a probar cosas nuevas, a cambiar el paradigma viejo. “Es que, en serio, es una locura que la gente realmente quiera seguir alimentando a sus bebés con cosas que les hacen daño”. Luego, él me dijo que el 10 de enero iba a haber una junta para discutir el problema del azúcar y preguntó si yo podría asistir. Le dije: “Claro, compadre, es más: traeré una charola de alimentos saludables y riquísimos. Porque no son los niños a los que les cuesta trabajo cambiar, sino son las mamás y los papás quienes no sueltan sus COSAS en muchos aspectos. Los niños siempre desean mejorar, y la escuela es el lugar más apropiado para educar”. El Coronel¸ tan lindo, se levantó y me dio un abrazo de despedida; es un buen hombre que entró en una escuela cuyos dos últimos años habían sido muy duros, y a él le toca seleccionar su equipo. Y sé algo más: las familias que están en esta escuela se quedaron a pesar de las dificultades porque les importa la causa. Cuando salí, de repente me di cuenta de que la mayoría de la gente no sabe qué significa la comida saludable y tiene mucho miedo de que ésta no sepa bien; es más, temen ser juzgados por la manera de comer y alimentar a “esos chiquillos”, por estancarse en una rutina dañina.
Mis sueños tenían sentido: una vez más, yo estaba a punto de expandirme; y el sueño que tuve anoche, cuando me atragantaba con una nuez, significa que, sabe Dios, el externar mi verdad era buscarme más trabajo; ¿acaso realmente quiero ocuparme de las adicciones alimentarias dañinas de alguna comunidad? Ustedes ya saben qué he vivido con la gente que no quiere cambiar, que es una tarea tremendamente difícil. Pero vale la pena. Simplemente cerré mis ojos e hice una promesa: mientras tenga salud, seré útil. A esto le llamo “gratitud en acción”.
La granja hace un año y medio
Bueno, tengo que irme corriendo, porque Jane Ellen me está enviándome por el celular unas imágenes de mi casa de granja, donde un montón de trabajadores de las mudanzas está bajando nuestros muebles de los camiones, llevándolos a nuestra casa de granja, por fin terminada, lo cual significa que nos hemos recuperado de las inundaciones que amenazaban con acabar con nuestro sustento hace un año y medio.
Lee y yo estamos en Malibú, dando instrucciones por teléfono, y el monstruo del control que llevo dentro me mí está planteando un estratagema. Espero ansiosa mi regreso a casa, a mi dulce vida en Tennessee…
Acción de Gracias, En busca de jade, El Gran Sur, Viernes Negro y Ocupa San Francisco
December 9, 2011
(Haz clic aquí para ver los videos hechos en el camino)

Partimos de Malibú el martes por la tarde y nos dirigimos, sin pararnos, al Gran Sur. Fue la primera vez que recorrí la costa manejando. Hace cinco años, Lee trabajó en un proyecto en Sausalito, que nos permitió vivir en un departamento con vista a la bahía. Yo me lanzaba al norte cargando con “esa gente” (mis hijas) y sus cosas, para reunirme con Lee; y cada vez pasaba una o dos semanas deambulando por la ciudad de San Francisco en el ferry que cruzaba la bahía envuelta en niebla. Sin embargo, ahora sé que para entender plenamente el estado de California uno debe recorrerlo todo.
La parada número uno fue el bosque de secuoyas. Me había enamorado de estos seres magníficos durante una visita a Muir Woods. Si no crees en los mundos inmateriales, visita este bosque. Llegamos al anochecer y nos alojamos en el Big Sur Lodge, dentro el bosque. Nuestra lindísima cabaña incluía una chimenea de leña, no había televisor ni teléfono.
Lo mejor de los viajes en familia es que nos tornamos una unidad consolidada, sin distraernos de nuestros papeles de mamá, papá, hermanas. Después de un riquísimo descanso al aire libre, con ese frío del Pacífico, devoramos un formidable desayuno y nos fuimos a caminar por el bosque. Lo único en que yo podía pensar mientras caminábamos, era en las tribus de secuoyas. Sí, las tribus, pues crecen en grupo, nunca solas, siempre apoyando unas a otras – como un reflejo de nuestra familia. Pensaba en sus gigantescas raíces que conectan estos árboles con lo más profundo de la tierra. Procuraba respirar lo más hondo posible, inhalando las enormes cantidades de oxígeno que desprendían estos preciosos árboles.
Seguimos manejando hacia el condado de Sonoma, donde pasamos los días más maravillosos con Nanny y Bubba (Ted y Peggy) – los padres adoptivos que tuve ya de adulta. Los conocí cuando tenía un poco más de veinte años; no tenían hijos, mientras que yo aún necesitaba una mamá y un papá. Tomaron cartas en el asunto y han sido la influencia más asombrosa de mi vida.
Mis hijas los conocen como abuelos y lo bello es que todos compartimos la adoración por ellos. El viernes, Lee y yo nos fuimos a San Franciso, al dejar a las niñas con Nanny y Bubba.
Hicimos nuestra primera parade en Mill Valley. La verdad, me gusta este pintoresco pueblito de estilo sencillo, con restaurantes de comida fresca. Lee y yo nos hospedamos en el Mill Valley Hat Box – una sombrería a la antigua, donde compré mi primer sombrero “fedora” de Stetson. Reservamos en un hotel ostentoso e hicimos una reservación en el restaurante Millennium. Lo que no tomamos en consideración era el hecho de que nuestro hotel estaba literalmente arriba de Old Navy en la zona de tiendas de San Francisco ¡y que nuestra escapada de viernes caía en un VIERNES NEGRO! ¡Santa cachucha, qué LOCURA! Yo no planeaba hacer compras el Viernes Negro y mucho menos encontrarme en medio de un CRAZY TOWN. En cuanto salimos de nuestro hotel para caminar al Millenium, nos encontramos en medio de una gigantesca marcha: los OCUPA iban cabeza a cabeza contra los CONSUMISTAS. Lee y yo nos quedamos paralizados por todo esto, y no éramos los únicos espectadores: había muchísimas personas que NO traían bolsas de compras, paradas a un lado y tratando de entender de qué se trataba, preguntándose si éramos el 99%. Lo único que sé es que aquí está sucediendo algo, y tan pronto que el mensaje se pueda transmitir en una forma clara y coherente NOSOTROS vamos a participar. Es que, comadre, los seres humanos no son mercancías, y las cosas cambiarán sólo cuando NOSOTROS nos demos cuenta de nuestro valor.
Después de pasar por el relajo de los Ocupa y los consumistas, por fin llegamos al restaurante Millenium. ¡QUÉ COMIDA TAN FANTÁSTICA! También a Lee, mi marido vaquero, le ENCANTÓ su cena. Es un restaurante vegetariano donde no se siente lo hippie, lo macrobiótico o lo “dizque” saludable. Una experiencia de cinco estrellas, que no le pide nada a ningún restaurante de lujo en cualquier parte del mundo. UNA BREVE VISIÓN DEL PASADO. Lo único en que podía pensar era mi “plan B”. Es que, cuando por primera vez llegué a vivir en Los Ángeles hace quince años, siendo una jovencita, me prometí: “Si este lugar no funciona, me voy a Key West para trabajar de mesera, andar por la playa y vivir mi vida.” Y ahora estaba sentada en el Millenium pensando en mi nuevo plan B. Observaba a los que trabajaban en la cocina creando esa maravillosa comida, imaginando cómo podría conseguir un trabajo lavando trastes, cortando verduras durante un año. Vivir cerca de Ted y Peggy y sacando provecho de esta ecléctica ciudad mientras me entrene en esta formidable cocina, aprendiendo lo que no sé. La segunda mitad del plan B es regresar a Nashville y abrir una pequeña cafetería y una escuela de cocina…
Todo este rollo de cocina se debe en parte al hecho de que acabo de tener una clase de técnicas culinarias con la Chef Recto en Los Ángeles. Me había inscrito en cuanto llegamos a Los Ángeles, en septiembre. Yo había decidido que quería aprender las bases de la “cocina normal”, es decir, con alimentos de origen animal y lácteos. Después de todo, a veces cocino carne de vaca alimentada de pasto y, a cada muerte de obispo, pollo orgánico. Porque de ninguna manera quiero ser tan estricta y perder la oportunidad de aprender algo nuevo. Fuimos muy pocos los que tomamos esa clase – sólo seis personas y alguien que llegó por casualidad. Entré de un salto, como una niña feliz de empezar un ciclo en el jardín de niños. No le dije a NADIE quién era yo, qué hacía ni lo que SABÍA. En cambio, sólo dije: “Hola, soy Meme, de Nashville, y quiero aprender todo lo que me puedan enseñar”. La verdad es que yo no quería que LA PRINCESA SABELOTODO saliera a relucir, porque es la que pone la zancadilla a mi crecimiento. Así que no la dejé salir, y al verme cortar las verduras allá por primera vez, NADIE hubiera sabido que yo había cocinado antes y, mucho menos, ¡en la televisión!
Recapitulando, veo lo que aprendí: cómo cortar una cebolla, un tomate, hacer un caldo de pollo y que una persona estúpida siempre muestra su recto. En particular, la Chef Recto me mostró su apestoso trasero cuando se refirió a Tennesse como “un lugar de basura blanca”. Todo eso sucedió una tarde, cuando estábamos preparando unos mejillones. Comenté que yo había pensado que los mejillones eran algo sofisticado y difícil de preparar. Judith La Judía (la llamo así sólo porque ella mencionaba a cada rato que era judía, lo cual es maravilloso, porque yo misma soy una mujer que habla hebreo y como alimentos medio kósher) dice con su acento neoyorquino mezclado con el de Beverly Hills: “¿Sofisticadito? Todo el mundo sabe que los mejillones son la basura blanca del mar”. Solté una carcajada, porque Judith La Judía es muy divertida, aunque no lo sabe. La Chef Recto dice con su ruda voz de “no me lo trago, porque soy una mujer que ha trabajado entre hombres mucho tiempo”: “¿Qué tiene eso de chistoso?” Le empecé a explicar, luego Judith La Judía me dio un piquete en las costillas: “No digas nada, ella no tiene sentido del humor”. Por supuesto, yo compartía la opinión de Judith. No sé si a la Chef Recto le era difícil oír, pues sus oídos, obviamente, estaban tapados por sus calzones, pero me mira a mí y dice: “Te diré qué es basura blanca: cualquiera de Tennessee. Todo el mundo sabe que es allá dónde vive la basura blanca”.
Estallé en carcajadas: ¿estará hablando en serio acerca de la basura blanca? Después de todo, ¿acaso ser INTOLERANTE no es la peor forma de basura blanca? Entonces ella dijo: “Por cierto, los mejillones son muy italianos; los italianos los adoran”. Le respondí con mucha calma enfrente de todos y con mi mejor acento tennesiano: “Bueno, yo estaba tratando de decirte, antes de que me insultaste, que mi abuela – que era de Italia – los preparaba, pero, desde luego, esto fue antes de que tiráramos todos nuestros zapatos y comenzáramos a correr por los cerros de Tennessee para jo…r a nuestros hermanos”.
Luego, mire a Michael El Gruñón (su nariz siempre sigue al trasero de la Chef Recto), que estaba esforzándose para quitar un “pedacito duro” de alga de una concha de mejillón: “también conocida como “barba”, dije yo. “Cerciórate de quitarla toda, pues no soportaría que se me atorara entre los dientes algún vello púbico de la basura blanca del mejillón durante la cena”. ¡Casi se atraganta!. Luego, me senté para disfrutar mi comida; NADIE sabía qué hacer conmigo mientras terminé de comer, limpié mi área, me quité el delantal y di las buenas noches por última vez. Así que, como verán, ahora estoy pensando seriamente acerca de dónde quiero tomar mis siguientes clases.
El sábado recorrimos todo China Town en busca del jade mágico (ve mi sección de moda para ver de qué estoy hablando). Después, lo eché todo a perder y comí en un pequeño restaurante chino. Pedí verduras, arroz blanco y una taza de té, pero el aceite no estaba bien e hizo daño a mi panza; el sábado por la noche estuve rodante por el suelo. Sí, yo sigo siendo muy cuidadosa con mi alimentación y lo seré por el resto de mi vida. La buena noticia es que me recupero más rápido, y Nanny y Bubba cuidan mucho de mí y de las niñas.
Ahora estoy en casa y les estoy escribiendo desde mi Nuevo despacho en Malibú…Estoy redoblando esfuerzos, pero me encanta que tengo un plan B…si es que lo necesito.
Parte 2: Dos hogares y dos mesas para compartir. Una comunidad que cocina de manera unida PERMANECE unida.
November 30, 2011
Parte 2: Dos hogares y dos mesas para compartir. Una comunidad que cocina de manera unida PERMANECE unida.
Algo está ocurriendo en mi vida..Mi jardín está creciendo.
Nuestra granja orgánica
Al despedirme con todos ustedes la vez pasada, justamente había terminado de cocinar en el programa matutino de la NBC en Nashville y estaba “calentando motores” preparándome al Noble Cambio de Alimentación. “Calentar motores” es la palabra idónea, puesto que ¡desmantelamos la casa y la empacamos!¡Santa cachucha! La gente sí acude, lo cual significa que LA GENTE quiere recuperar sus cocinas, las personas quieren sentirse capacitadas y elegir libremente.
Al principio, empecé a participar en el NFM por el deseo de compartir lo que había aprendido: la alimentación debe sostener nuestro cuerpo, no es caro cocinar alimentos verdaderos, es verdaderamente sencillo y, finalmente, no sólo prevenimos enfermedades, fortalecemos nuestro sistema inmune, sino también sanamos nuestras vidas en muchos aspectos al observarnos y al elegir libremente. El primer año, cuando inicié todo esto, estaba sola con mi enfermedad, sola con mi miedo y sola en mi cocina. Quería cambiar mi solitaria mesa por una cocina donde hubiera lugar para todos, donde otros también recuperaran su poder, aprendiendo lo que no sabían y sanando sus vidas. Hace muchos años, era a la cocina adonde la gente iba en busca de apoyo; las mamás, los abuelos, los niños, las tías y los tíos, los vecinos, se reunían en la cocina porque se requería bastante tiempo para preparar alimentos diarios. Este rato lo pasaban riéndose, llorando, amando y compartiendo: compartiendo remedios y recetas para aquello que nos aquejaba. Las personas encargadas de la cocina casi nunca eran CHEFS, eran personas comunes y corrientes que habían sido entrenados por las mejores – las mujeres que SABÍAN qué hacer.
En cuanto empecé a valerme por mí misma, hice justamente eso: creé una mesa de comunidad, donde todos nosotros podemos ser apoyados al cambiar nuestro estilo de vida. El cambio más importante que existe en materia de belleza viene desde dentro hacia fuera. Y este cambio crea a una persona especial, la que reconoce su valor y el de sus seres queridos.
En Nashville, yo cocino en el Centro de Vida Integrativa, en Music Row. Allá no tienen más que una cocina pequeña, por lo tanto monto cinco instalaciones para mis recetas, que incluyen una mesa, una parrilla de gas butano, tablas de cortar, cuchillos y los ingredientes necesarios para cada receta. El cocinar de esta manera enseña a la gente lo poco que se necesita para preparar una comida completa sin ningún alimento procesado, que una cocina sofisticada e ingredientes y utensilios caros son innecesarios. Lo sé por mi propia experiencia: antes de aprender a cocinar, yo veía la mayoría de los programas de cocina pensando que, por supuesto, él o ella eran chefs entrenados y por eso lo podían hacer; o me decía: “Mira esa fabulosa cocina; claro que ellos pueden cocinar así”. El NFM lo presenta todo en perspectiva inversa: alimentos sencillos, cocinas sencillas, es decir, gente real.
Cada uno entra, se sienta, platicamos un poco acerca el enorme PORQUÉ de comer estos alimentos. Por ejemplo, la calabaza es un alimento PODEROSÍSIMO, lleno de vitamina A, vitamina C, fibra y beta-caroteno, por lo cual fortalece muchísimo nuestro sistema inmune. ¿Quién lo hubiera dicho? Luego, nos ponemos a trabajar, cocinar, cortar, pelar y preparar…Sí, es un poco caótico, chistoso y divertido, algo como el preparar una comida de fiesta con personas que verdaderamente te agradan. Se necesita como una hora para prepararlo todo; luego, limpiamos las mesas, las cubrimos con manteles y nos sentamos todos juntos como una comunidad. Me encantan todas las partes de esta actividad, pero mi parte favorita es la de sentarnos juntos. Platicamos sobre nuestra relación con la comida, nuestras inquietudes acerca de nuestra salud, nuestra labor como padres, y reviviendo la locura que acaba de pasar.
¡Fred!
El programa más reciente del NFM en Nashville, me dejó sin palabras cuando miré a mi alrededor y vi a todo el mundo trabajando en equipo. Cuando empezó esta actividad, estaba sólo yo, cocinando, limpiando, rogando que la gente pruebe una comida de verdad. Ahora participan cerca de 40 personas, con un grupo básico de 10 personas que me ayudan a armarlo todo. Cada vez que lo hacemos, el grupo básico se expande: ya no es un asunto de MEE, sino de NOSOTROS. Observé cómo la querida amiga de mi familia olvidó su dolor de hígado y se concentró en participar en algo más grande. Mary Alice estaba a cargo de la mesa del puré de mijo, y el todopoderoso Fred saltaba de situación a situación. Jane Ellen y sus hijos cortaban, barrían y organizaba; Diana estaba parada, lavando unas verduras de mi jardín en un pequeño fregadero. Y todo el tiempo escuchaba a la gente cuchichear intercambiando sugerencias y cotorreando. Esto va ganando valor, ¿qué más puedo decir?
Al abordar el avión rumbo a Los Ángeles, me preguntaba qué estábamos haciendo todos nosotros en Los Ángeles. Me encanta ser una persona valiosa, me encanta tener algo que compartir con mi comunidad, y yo aprecio el sentido de la pertenencia: nuestra granja y nuestro rancho ganadero son un pilar en la comunidad; Lee también hace su aportación, y los valores principales de la gente sirven para mis hijas aprendan lo mejor. Mi corazón pertenece a Nashville. Durante todo el vuelo, la cabeza me estuvo dando vueltas con tantas preguntas; yo intentaba entender bien mi propia intención personal, porque, comadre, la vida sigue aquello que deseamos.
En cuanto bajé del avión, me metí de lleno en el programa de NFM, pues quedaban unos pocos días para prepararlo todo antes de su lanzamiento en Malibú. Estaba nerviosa: mi “equipo del NFM de Nashville” no estaba conmigo esta vez. No sabía si una diferencia demográfica tan grande iba a dificultar las cosas. Tampoco sabía cuánta información ya tenía la gente de la costa oeste: no hay nada peor que decirles a las personas lo que ya saben y aburrirlas. Y desde luego, mi enjuiciamiento de mí misma trataba de salir con la suya: “Hola, No Soy Suficientemente…”. A fin de cuentas, no soy más que una mujer común y corriente que aprendió a cocinar alimentos que curan. ¿Será esto suficiente para un lugar tan fabuloso como Malibú? ¿Disfrutará la gente de aquí una velada al estilo de la reunión en una cocina de pueblo? ¡Uuuh, vaya que sí estaba NERVIOSA!
Para el colmo, ¡la niñera que yo había contratado, NO APARECIÓ y Lee iba a pasar todo el fin de semana en Nashville! Afortunadamente, una amiga me ayudó: su niñera le había cancelado también, así que ella no iba a poder salir y se ofreció para cuidar a las niñas. Lo acepté.
El equipo del NFM de Malibú
Ubicación: Preprimaria The Californian Ocean of Learning. Llegué a tiempo e inmediatamente empecé los preparativos. A las 17:30 empezó a llegar la gente, y los puse a trabajar. La cocina era absolutamente perfecta: una linda estofa de gas, una larga mesa de madera para cortar y platicar. ¡Manos a la obra!
En dos horas y media, les enseñé a hacer los siguientes platillos: sopa de calabaza con zanahoria, manzana y jengibre; pilaf de mijo; croquetas de mijo y puré de mijo con salsa de kuzu. ¡Sí, empezamos con un grano y les mostré lo que se puede hacer con él de principio a fin, sin desperdiciar las sobras. (haz clic para ver las recetas).
La pasamos a todo dar, riéndonos un montón, y luego nos sentamos juntos. Miré la larga mesa al estilo familiar y sentí esta tremenda ola de amor que me vino encima. Comprendí lo que el Noble Cambio de Alimentación realmente es: crea un espacio donde todos podemos ganar confianza para aprender y probar aquello que no conocemos. Ahora he realizado este proyecto cocinando en cocinas de cualquier tipo, empezando por una comunidad predominantemente afro-americana en el sur; luego, en Music Row, en las mejores casas de Nashville como maestra particular, y ahora en Malibú – una de las comunidades más ricas del mundo. ¿Y saben qué? El dinero, la fama, la ubicación e incluso la educación superior no nos separan. Todos estamos metidos en eso de qué es realmente saludable, cómo cocinarlo, dónde comprar y cómo alimentar con eso a nuestros familiares. Lo que nos une es la comprensión de que “los desiertos alimenticios” surgen no sólo en hogares de bajo ingreso, sino también – y a veces con más frecuencia – en algunos de los más ricos. No es una batalla por gobernar, sino una OPCIÓN para la gente. El Noble Cambio de Alimentación está devolviendo la nobleza personal, mesa por mesa, y espero que algún día sea tu turno (¡ve este video y conoce al equipo de Malibú!)
Regresé a casa y me metí a la cama, realizada, acurrucada y envuelta en una cobija de valor, pertenencia y aprecio. Mi mundo es grande y, gracias a Dios, tengo muchos lugares que puedo llamar “mi hogar”. Creo que plantar semillas puede dar más que sólo verduras: también pueden alimentar en comunidades el deseo de expandirse. Malibú, tú también inspiras a Mee para crecer.
Dos hogares
November 18, 2011
Abajo veo las luces de San Antonio. Estoy dirigiéndome a mi hogar y dejando mi hogar al mismo tiempo. Desde las profundidades de mis recuerdos surge aquella canción de la Steve Miller Band que dice: “Mi buen avión, no me lleves demasiado lejos”. Mi mundo interior está colmado de reflexiones: unas escenas parecidas a un guión gráfico pasan por mi mente mientras recuerdo los acontecimientos de los últimos diez días.
Partí de Malibú el sábado por la mañana, sólo al haber preparado una cantidad de comida suficiente para mantener llenas las panzas de mis familiares durante el siguiente fin de semana. Lee se quedó en casa con las niñas, haciéndola de mamá de tiempo completo. Por supuesto, se me partía el corazón al dejar a mi niñas, pero lo que SÉ es que ellas NECESITAN estar algún tiempo a solas con su papá, necesitan SABER que él es capaz; y como hermanas también necesitan aprender a cuidarse la una a la otra. Es que tengo una faceta más dentro de mí; su nombre es “HOLA, YO PUEDO HACERLO TODO”. Ella toma las riendas y manda, manejando minuciosamente cada detalle y trabajando hasta que queda exhausta; pero nunca dice “NO”, no pide ayuda y, desde luego, va acumulando resentimiento. Estuvo fantástico ver desde fuera a Lee asumiendo su papel – llevando a las niñas al parque, arreglándose con los tentempiés y almuerzos, respondiendo los correos de la escuela y atendiendo a Lola que estaba malita. El mensaje es que las niñas necesitan tener una relación sólida con sus papás y que a las mamás les hacen falta algunos recesos para descansar de su papel de mamá. Dicho lo anterior, el tiempo se me hace largo, pues estoy ansiosa de regresar a casa: he extrañado muchísimo a “aquéllos”.
Fue extraño regresar a Nashville sin ellos: después de todo, siempre habíamos viajado a Nashville por Lee. Primero habíamos regresado al rancho para pasar un rato allá, luego nos habíamos instalado allá de tiempo completo, pensando que hacía falta estar más cerca a nuestros negocios y apoyar a Leer. Es curios: hemos regresado a causa de Mee.
Al haber aterrizado en Nashville y ya de camino a Ginza – mi restaurante de sushi favorito – para reunirme con Mary Alice (que es parte de mi gente) y Jane Ellen (es mi brazo derecho en el rancho, mi querida amiga y confidente), de repente entendí algo: yo volvía a CASA para TRABAJAR en un proyecto que creé. ¡Santa cachucha! Nashville se había convertido en un hogar para mí y un lugar valioso. Éste es el lado asombroso del confiar en lo desconocido: si confías en que la experiencia más asombrosa puede brotar de su propia semilla, indudablemente esta confianza implica soltar el control, cosa que le hace la vida muy difícil a la “Hola, Yo Puedo Hacerlo Todo”.
Después de la cena, volvimos a la casa de M.A., donde nos deleitamos tomando té, bailando en su cocina con música de Pistol Annies (mi nuevo grupo favorito) y riéndonos como locas. Decidimos que no habíamos realizado una ceremonia apropiada en cuanto a mi libro. Así que, con ese frío otoñal, nos fuimos al pequeño arroyo cerca de la propiedad de M.A. De repente, el temor me paralizó: ¡LAS ZARIGÜEYAS!
Tengo un problema con las zarigüeyas (tienen que leer mi libro La reina de las Casas Unifamiliares de Doble Fachada para entender la razón de eso), pero es un miedo muy profundo. Jane Ellen me jaló la mano, y M.A. habló en voz alta; su acento neojerseíta resonó en el frío de la noche sureña: “Aquí no hay zarigüeyas. Además, las zarigüeyas no lastiman a la gente”. Le contesté susurrando con una voz de ultratumba: “¡No pronuncies su nombre, o van a venir!” Jane Ellen me dio otro jalón de mano: “¡Vamos, pequeña oca! Si fueras un animal de granja, serías una oca, porque siempre pegas un graznido por cualquier cosa que pase en el corral, ALARMANDO a los demás”. De mala gana, me agaché, recogí una naranja de Luisiana verde que había caído y me dirigí hacia la orilla del arroyo. Nunca he permitido que los resultados de mis acciones dependieran de mis miedos. “Está bien, usaré el miedo a las zarigüeyas como una metáfora de mi miedo a liberar mi verdad descubriéndola al mundo, sin temor de ser juzgada o permitiéndome dudar al tomar las riendas de mi buena vida.” Miré abajo, hacia el arroyo, más allá del arroyo y hacia la siguiente etapa de mi vida, dándole vueltas a la naranja de Luisiana. Por un breve lapso vi una imagen de mi infancia: yo tenía nueve años y andaba arrojando naranjas de Luisiana por nuestro patio, en Clark Court Apartments. Mi libro es acerca de la primera parte de mi vida; hice lo propio al mandarla volar hacia la siguiente etapa, junto con una naranja de Luisiana de mi pasado. Sí que es una LIBERACIÓN. Jane Ellen y M.A. también arrojaron las suyas en señal de apoyo a mi logro. Pero en cuanto vi la naranja de Luisiana flotar en el aire, tuve que abandonar la tierra de las zarigüellas y correr a la casa ¡GRAZNIENDO como loca!
M.A. puso un colchón inflado para mí, y dormí en su cuarto de sanación (ella es toda una hechicera, se dedica a la alineación corporal, alineando a las personas con ellas mismas, con su propio ser). Nunca he conocido a nadie que tuviera esas capacidades. Estar sobre su mesa es como viajar a lo más profundo de nuestro ser que, al parecer, nunca tenemos tiempo de poner en orden, así que no hacemos más que evitar que se atiborre, pero todo este desorden se mete en nuestra vida cotidiana desubicando nuestros chi, ritmo y ánimo. Yo sabía que iba a tener sueños tremendos, y así fue, comadre. De hecho, tuve como veinte sueños, pero el último fue algo memorable. Soñé que yo había pasado por todos los compañeros de Lola en su salón, en el jardín de niños; estábamos en un parque, junto a una iglesia. Yo necesitaba llamar por teléfono y entré para llamar a las mamás de los chicos. Al entrar a la iglesia me perdí. Le pregunté al sacerdote cómo podía regresar a donde estaban los niños. Me señaló una habitación; cuando entré, retrocedí de un brinco y eché un alarido (como una oca): allá había una gigantesca víbora de cascabel que se me acercaba. De repente, apareció un perro – un pequeño Jack Russell. Él trataba de asustar a la serpiente, pero sin la intención de matarla. Sin embargo, la serpiente no se detenía y no me perdía de vista. El perro quería distraerla, pero al final la serpiente logró acercase más a mí. De pronto entendí lo que ella quería: mi abrigo rojo que yo traía puesto. Me lo quité rápidamente, como si me mudara de piel, y lo arrojé hacia la serpiente. Ésta se apoderó rápidamente del abrigo y se cubrió con él, como si fuera su guarida que tanto buscaba. Aparté mi mirada de la serpiente y vislumbré al perro que, feliz, agitaba su lengua.
Al despertarse M.A., me preparó un magnífico desayuno con alimentos de Mee y un jugo de zanahoria, betabel y jengibre, recién hecho. Hablamos acerca del sueño, y me explicó el significado de la serpiente: es un buen presagio, significa una transformación, un cambio. El perro significa fidelidad, pues los perros están aquí para servir al hombre en su búsqueda de sí mismo y de su crecimiento espiritual. Mientras ella hablaba, me acordé del abrigo rojo que guardaba en mi armario, por lo menos, durante diez años. A mi mamá le gustaban los abrigos rojos, y me regaló uno cuando ingresé al colegio. Era su último regalo, y falleció también vestida de su abrigo rojo favorito. Cuando fui a ver el coche en el cual ella había sufrido el accidente, para juntar sus objetos personales, encontré su abrigo rojo tirado en el asiento de pasajeros; el personal de emergencias que la encontró lo había dejado aparte. Estaba cubierto de sangre y vidrios. Lo metí en una bolsa, lo estuve llevando por todos lados hasta que lo dejé guardado en el armario de mis tíos por diez años, como mínimo.
El arrojar la naranja de Luisiana había desencadenado mis recuerdos, y me despojé de mi propio “abrigo rojo”: superando el miedo al fracaso, dando la bienvenida al éxito, confiando en lo desconocido y dando el siguiente paso. El libro primero sobre mi vida ya se ha hecho; es una HISTORIA que ya dejó de ser mi presente, ya no puede perseguirme o hacerme sufrir: es sólo un cuento para compartir.
El domingo me reuní con la Querida Amiga de Mi Familia. Actualizo a los que acaban de conocernos: ella y yo crecimos juntas, se ha curado de la enfermedad de Hodgkin tipo “B” por medio de la alimentación, ¡y tan sólo en ocho meses se encuentra 70% mejor!). Ella había venido de Ohio para reanudar nuestros maratones culinarios mensuales y ayudar con el Noble Cambio de Alimentación. Nos fuimos a nuestro rancho en el condado de Hickman (a una hora de camino al oeste de Nashville). Nuestra casa de granja que hemos estado reconstruyendo desde el Diluvio del Milenio aún no está lista. Uffff…Es difícil lidiar con los contratistas de California.
Así que nos hospedamos con Jane Cantrell; tiene una granja junto a nuestro rancho, del cual su familia ha sido propietaria desde antes de la Guerra Civil. Ella renta una lindísima casita de huéspedes. La Q.A.M.F. y yo nos instalamos y nos pusimos a cocinar. Imagínense, estamos en plena acción, cocinando y riéndonos al mismo tiempo; la mejor pijamada de adultos que existe.
El lunes metimos las cosas en mi Landrover y partimos para Nashville temprano. Yo iba a presentar un segmento culinario en el programa matutino de la NBC: Sopa de manzana, jengibre y calabaza (haz clic para ver la receta).
Todo iba bien, y me puse a recorrer las calles, porque tenía un MONTÓN de mandados que hacer, visitar y reunirme con mucha gente, y celebrar el cumpleaños de Tylor (mi sobrino, que acaba de ingresar a la Universidad Lipscomb). Cuando regresamos a la granja, yo estaba completamente exhausta, pero me metí a la cocina: sí, cocinamos un poco más.
Este avión está a punto de aterrizar, así que debo detenerme. No se preocupen, habrá má a continuación. Continuará al final de esta semana.
¡Propongan candidaturas para elegir al héroe local!
November 15, 2011
La Coca-Cola se ha asociado con Nely Galán, una empresaria de medios y oradora inspiradora de origen latino (Celebrity Apprentice, The Swan) y “Inclúyeme en la Independencia Económica de las Mujeres” (Count Me In for Women’s Economic Independence, CMI, por sus siglas en inglés), para crear el Coca-Cola Tour: Adelante – una comunidad digital y serie de foros a fin de capacitar a las mujeres hispanas proporcionándoles las herramientas e información que les permitan alcanzar sus metas. La comunidad arranca en Facebook a mediados de Noviembre, y, para empezar el Tour, la Coca-Cola será la anfitriona de un foro de un día para mujeres latinas en Los Ángeles, el sábado 3 de diciembre. El foro – que es gratuito – tendrá lugar en Santa Mónica. Las latinas deberán mandar su solicitud en línea al sitio www.CocaColaTourAdelante.com. Sólo trescientas mujeres serán invitadas a asistir. “El Coca-Cola Tour: Adelante tiene por objetivo crear un movimiento que informe, asesore e inspire a las latinas para que tomen cartas en el asunto, proporcionándoles las herramientas apropiadas a fin de hacer sus sueños realidad”, dijo Nely Galán.
“Las mujeres, en particular las latinas, son parte integral de la Visión 2020 de la compañía Coca-Cola. Al llevar a cabo esta jornada queremos proporcionarles a las latinas las herramientas necesarias para triunfar estimulando su espíritu empresarial”, dijo Reinaldo Padua, el vicepresidente adjunto para la mercadotecnia hispana de la Coca-Cola Norteamérica. “La Coca-Cola busca inspirar a las latinas a perseguir sus sueños, trátese de la actividad física, el regreso a la escuela o el establecer su propio negocio. Mujeres más fuertes crearán familias y comunidades más fuertes”.
Eleanor Coppola y mi casa prefabricada de doble ancho.
October 16, 2011
11 de octubre de 2011
Point Dume
Los últimos veinte minutes los pasé sentada en mi sofá y viendo la niebla matutina deslizarse por el Pacífico, sintiendo su fresca humedad penetrar en las ranuras de mi casa de doble ancho que tanto presumimos. Mis sillas giratorias de diseñador, estilo vintage,casi se retuercen por el grosor y el frío. Me encanta vivir aquí, en la orilla de Point Dume; estamos detrás del “club”, como se le llama a este lugar. Tengo vistas panorámicas del océano cuando estoy en el punto exacto.
Los indígenas americanos utilizaban Point Dume como un sitio para mandar señales de humo a tribus a lo largo de la costa, ya que se encuentra muy alejada del océano; parece una isla. Para mí hay algo especial en eso; es que la combinación de espesa niebla, gigantesco cielo e infinito océano se asemeja a un lienzo virgen lleno de electricidad para prender mi imaginación, pues yo también me vuelvo más comunicativa. Lo que es realmente fantástico es sumergirse en los sueños aquí, en la orilla. Duermo profundamente con las ventanas abiertas, dejando que la fresca niebla se pose en mi edredón de plumas, teniendo sueño fantásticos y locos. ¡Una noche soñé que Lola y yo irrumpíamos en la casa de unos amigos y robábamos suéteres! Cielos…No lo hacíamos por maldad, sino riéndonos de nuestra travesura. Simultáneamente ocurría un segundo sueño, como una pantalla dividida en un teatro: yo no dejaba de ver a esta mujer trabajando como una científica loca en busca de la fórmula para mi trabajo. Mi guía de sueños estaba ahí (ya saben, uno al que no puedes ver, sólo oír), y me seguía diciendo que no me preocupara, que “ella” estaba trabajando tras bambalinas e iba a unir los puntos. Luego, salté a la otra mitad de la pantalla y volví a mis locas aventuras con Lola. Después, estaba de regreso con la científica loca, reafirmando cada vez que el destino estaba en acción.
Desperté pensando en este sueño; me sentía en paz, y me quedé tranquila durante las primeras horas. De repente, mi mente pescó un nombre: Eleanor Coppola, la esposa de Francis Coppola. Bajé de la cama, me preparé un café y me puse a buscar en Google. Lo que sabía acerca de ella era que ella no sólo llevaba la casa durante su vida conyugal, sino que también “unía los puntos” al haber creado un documental casero mientras su marido filmaba Apocalipsis ahora. También escribió sus memorias: Apuntes sobre una vida (Notes on a Life). Nunca había pensado en Eleanor hasta que me mudé aquí. Es que nuestro número de teléfono es uno de sus antiguos números, así que cuando llamo a alguien, su nombre aparece en el identificador de llamadas. Como una hora después, el teléfono sonó, y Bubba y Nannay (Ted y Peggy) me llamaron para decir que habían salido la noche anterior y que lo más formidable era el haber estado sentados ¡al lado de Eleanor Coppola y Francis en un restaurante de la región vitícola!
Le platiqué inmediatamente sobre mi sueño y cómo yo había pasado la mañana leyendo acerca de Eleanor. Supe lo que estaba ocurriendo: ella es un espejo para mí, y nunca tendré que conocerla para sentir su influencia.
Cuando yo era joven, pensaba que alguien fuera de MEE uniría mis puntos, ataría los cabos, encontraría la fórmula y haría que las cosas sucedieran – agentes, administradores, socios para escribir -, pensando que se necesitaba alguien más que yo, alguien más que tuviera la llave de mi valor. Me apoyaba en asistentes, amistades y familiares. Esto incluía mi visión del matrimonio: me parecía que la posición y la de mi marido eran las cosas que nos hacían importantes. ME ENCANTA envejecer, porque con la edad he obtenido crecimiento y confianza; ahora veo la vida de una manera diferente. En vez de ver a la científica loca como a alguien más, la veo en MEE: me casé con un hombre cuyo mundo es grande, y JUNTOS creamos una vida enorme. Al igual que Eleanor y Francis, nosotros también nos hemos cambiado de domicilio viajando por el mundo como gitanos. He hecho apuntes, divertidos videos caseros, y ahora los juntos todos en papel, escribiendo sobre la Reina de las Casas Prefabricadas de Doble Ancho. Con cada pensamiento y reflexión acerca de Eleanor Coppola, vi claramente que soy una verdadera científica loca del sueño, que siempre está en busca de la fórmula para una vida feliz, cocinando una receta para sentirse mejor, y abriendo un camino no sólo para mi éxito personal, sino para el de mi familia…
Y hablando de la familia, la señora Gina y don Lalo llegaron en avión desde Sayulita, México, para pasar el fin de semana con nosotros antes de volar a París e Italia por unas semanas. Las niñas no habían visto a sus abuelos mexicanos desde hacía más de dos años. La magia de nuestra conexión consiste en que todos nosotros retomamos el lazo donde lo habíamos dejado: se trata de seguir en contacto, lo único que hay que SABER es que un hilo de amor pasa por el corazón creando una fórmula más fuerte que la sangre.
Reiki, acupuntura y conclusión.
October 7, 2011
1 de octubre de 2011
Llevamos aquí sólo un mes, pero parece un año. Así ocurre a veces, cuando un mes tiene la fuerza de doce. La mayor parte de este mes la pasé organizando mi vida e instalándome aquí. Durante las primeras dos semanas sentí como si estuviera manejando la MTP, aferrada al volante y sintiendo mi cuerpo volando tras de mí. Así pasaron unas semanas, y acabé exhausta; mis brazos, piernas y emociones empezaron a temblar, y, por supuesto, me comenzó a doler la panza. Mary Alice me ha dicho mil veces: “Meme, la enfermedad empieza en el campo energético de uno”. Y así me fue en esta semana. En cuanto nuestra energía se desgasta, inhalamos menos oxígeno y nuestro sistema inmune sufre. Y esto se refleja físicamente en nuestro eslabón más débil (para mí son los intestinos). No sólo me ocupé de mi cocina y descansé lo más que pude, sino también encontré un acupunturista.
Mi primera sesión con la Dra. Asha – una bella mujer de ascendencia india – pasó muy bien: una vez que me puso sus agujas me trasladé a la tierra de los sueños. Después de una hora sobre la mesa (que pareció no más de diez minutos), una linda mujer británica entró tranquilamente en mi cuarto. Me dijo que practicaba reiki y que le gustaría ofrecerme una sesión complementaria de quince minutos. Me sentía tan cómoda que pensé: “¿Por qué no? Ya me habían dado reiki antes”. Pero la verdad es que sólo una persona me había hecho efecto, y ésta era Mary Alice; los demás fueron sólo unas experiencias más, pero no me parecieron nada extraordinarias. A los que no saben qué es el reiki, es una práctica curativa espiritual japonesa que consiste en la superposición de manos y mueve la energía a través del cuerpo. Esa mujercita colocó sus manos en la parte superior de mi cabeza, y de pronto sentí CALOR, ¡mucho calor! Mientras ella me daba el tratamiento, por mi cuerpo pasaba más calor y un montón de imágenes. Bajé de unos cerros con abundante vegetación hacia algo como un alto desierto, donde había construcciones de origen navajo. En algún momento, los sueños o visiones se movían tan deprisa que me sentí mareada; estaba a punto de levantar mi cabeza, pero en vez de eso pasé a otro conjunto de imágenes, y como suele suceder en un sueño, no quería que eso terminara. Luego, ella tomó mi mano derecha, y sentí la presencia de una mujer; me dijo que me abriera horizontalmente, que se me sostenía bien. Luego, como si fuera el movimiento de una cámara de cine desde el suelo hacia arriba, vi los zapatos bostonianos de un hombre, su pantalón y su chaqueta de traje, su corbata y, luego, su rostro: era mi bisabuelo Nicoletti (el abuelo de mi mamá), que falleció cuando yo tenía unos seis o siete años y del cual no me acordaba durante años. Lo más interesante era que su imagen estaba en tono sepia. Entendí: todo mi linaje ha venido conmigo a Malibú para apoyarme mientras me abría paso hacia mis sueños y, claro, hacia mi meta primordial: alcanzar mi ser más grande. La mujer tocó una campanita, y poco a poco empecé a abrir mis ojos. En cuanto desperté completamente, habló: “ Fue una sesión muy interesante. Me pregunto ¿qué relación tienes con tu madre? ¿Habrá fallecido? Es que, cuando tomé tu mano derecha, quedé atónita por una fuerte presencia materna”. Tallándome los ojos y despertándome, le susurré que mi madre había fallecido hacía muchos años.
Llegué a mi casa en Point Dume, tomé algo de sopa, cerré mis ojos y me sumergí en un profundo sueño. No me había tomado una siesta durante meses, en parte porque, cuando mis hijas están en la escuela, el tiempo del cual dispongo para dedicarme al quehacer doméstico y a la Princesa Sabelotodo se me va como el agua. Además, creo que al haber pasado tantos días adolorida, sin poder levantarme de la cama, me impide pasar ahí más tiempo que el estrictamente necesario para el descanso nocturno.
Al día siguiente estaba completamente recuperada; abrí mis brazos y ¡zas!, aparecieron todas mis amistades de nuestra encarnación anterior en Malibú. Yo estaba dispuesta a recibir, ser apoyada y participar. Una semana antes, había enviado mi manuscrito, y esta semana las respuestas llegaban sin parar, y no podían ser mejores: en algún momento, hablando por teléfono, tuve que contener las lágrimas: no por las lindas palabras que recibía, sino porque finalmente me permití sentirme orgullosa de mi logro.
Más aún que por el libro que he escrito (de hecho, los libros, ¡pues estoy terminando el Segundo y he bosquejado el tercero!), estoy impresionada por el Noble Cambio de Alimentación: en este mes lanzaré uno en Malibú, como servicio de comida y bebida para las mamás de niños que asisten al preescolar y la primaria, y regresaré a Nashville para ser anfitriona de dos Nobles Cambios de Alimentación. Es asombroso – un programa de alimentación que conecta dos sociedades muy diferentes demográficamente pero que comparten el mismo hilo conductor: dominio personal de nuestras cocinas.
Como pueden ver, mi aventura continúa y me voy adentrando en lo desconocido; es decir, empiezo a vivir una vida en grande…












